La exuberancia es belleza

W. Blake, Proverbs of hell

Cuenta Ovidio que, cuando Filomela es perseguida por su violador y mutilador Tereo, tras haberse vengado de éste, los dioses la asisten transformándola a ella y a su hermana en distintos pájaros. Convertidas en golondrina y ruiseñor, se esconden por los bosques, desde donde, con seguridad, además, seguirán cantando y reproduciendo su oprobio en oídos indecentes. 
 
Perseguía a las hijas de Pandíon con el hierro desnudo
Creerías que los cuerpos de las Crecópides estaban suspendidos
Con alas: lo estaban. Una de ellas se dirigió a los bosques, 
La otra penetró en los tejados; y aún no han desaparecido 
De su pecho las marcas… las plumas están marcadas 
De sangre. 
 

 
Los pájaros mitológicos son a menudo objeto de admiración y envidia por su exuberancia y su capacidad de elevarse y migrar. Los vemos en la mística sufí y en la mitología clásica, sin olvidar a la palomota cristiana. Imagen de resurrección, metamorfosis y cambio; metáfora que alcanza lo que el ser humano difícilmente puede hacer y ver. Las aves son expresión de la huida, el canto y la libertad. Recargadas de plumas, a menudo con extravagancia, atraen a la metáfora moderna: el cantor, el homosexual, el poeta. Su vuelo lo acerca al migrante, pues del mismo modo que las poblaciones los pájaros se trasladan de un sitio a otro.


Con el ánimo de rendir homenaje a estos pájaros mitológicos, metafóricos, reales; a estos MIGRANTES, METAMORFOSEADOS, LIBERADOS, ESTRIDENTES HUIDOS del pasado y del presente, La Alcaparra llama a la participación en su número 2. Esperamos vuestras colaboraciones (traducción, comentario literario, cuentos, poemas, ilustraciones, reseñas de cine/teatro, breves reflexiones sobre la actualidad…), antes del día 18 de septiembre en revistalcaparra@gmail.com
 

VENIRSE

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